EL ARGUMENTO
La trama nos presenta a Kevin Echegoyen, un magnate del éxito y luchador clandestino que oculta un vacío existencial tras su armadura de frialdad
Todo comienza con una mentira: "Es mi novio".
"Dos guardias de seguridad, con la anchura de refrigeradores y la expresión tallada en granito, sujetaban con desproporcionada brutalidad a un muchacho que forcejeaba con la desesperación silenciosa de un animal acorralado.
Kevin se detuvo, no por
compasión – un sentimiento que consideraba una moneda de cambio para los
débiles –, sino por el impacto estético de la escena. El chico era hermoso, de
una belleza que no gritaba, sino que susurraba, frágil y obstinada. Su cabello,
de un castaño desordenado que parecía haber sido acariciado por el viento y no
por un estilista, caía sobre unos ojos enormes, del color del ámbar, que ahora
brillaban con una mezcla de terror y de una terquedad que lo hacía aún más
interesante. Llevaba una chaqueta sencilla y unos vaqueros, atuendo que en
aquel lugar era una herejía tan flagrante como intentar colarse sin invitación.
Uno de los guardias tenía su brazo doblado tras la espalda con una presión que
prometía moratones, y susurraba amenazas al oído, mientras el chico, pálido,
intentaba explicar algo que las palabras, ahogadas por el miedo, no lograban
articular.
Sin pensarlo, movido por un
impulso que no pudo – o no quiso – analizar, Kevin se cerró la chaqueta del
traje y se acercó con esa parsimonia que impone el poder. Su sola presencia, la
energía silenciosa que desprendía su físico de luchador y su aura de multimillonario,
hizo que los dos gorilas se inmovilizaran y lo miraran, reconociendo de
inmediato al depredador alfa en su territorio.
—Suéltenlo —dijo Kevin.
Su voz no fue alta, pero cortó
el aire como una cuchilla, cargada de una autoridad que no admitía réplica.
El guardia que hablaba al oído
del chico titubeó.
—Señor, este… individuo
intentaba colarse. No está en la lista.
Kevin no le prestó atención.
Su mirada estaba fija en el muchacho, en la curva temblorosa de sus labios, en
la vulnerabilidad que emanaba de cada uno de sus poros y que, de algún modo, no
lo hacía parecer débil, sino valiente.
—He dicho que lo suelten. Es mi invitado.
La mentira salió de sus labios
con una naturalidad aterradora. Los guardias se miraron, confundidos. La lógica
de su mundo, donde las normas estaban escritas en listas de invitados y códigos
de vestimenta, se resquebrajaba ante la voluntad de un hombre para quien las
normas eran simples sugerencias.
—¿Su invitado, señor
Echegoyen? —preguntó el otro guardia, con un tono que buscaba confirmación.
Kevin aprovechó la duda para
dar un paso al frente, invadiendo el espacio personal del guardia que aún
sujetaba al chico.
—Más que eso —rectificó, y su voz bajó hasta
convertirse en un susurro íntimo y posesivo, solo para los tres—. Es mi novio,
y no me gusta ver cómo lo mancillan.
Las palabras, “mi novio”,
resonaron en el aire entre ellos con la fuerza de un hechizo. El guardia soltó
el brazo del muchacho como si se hubiera quemado. El chico, liberado, se frotó
la muñeca con la otra mano, sus ojos de ámbar, ahora desorbitados por el
asombro, clavados en Kevin, en su salvador, en este desconocido que acababa de
reclamarlo con una mentira tan audaz que lo dejó sin aliento.
—Mis disculpas, señor. No
teníamos… no había sido informado —balbuceó el primer guardia, retrocediendo un
paso.
Kevin ignoró las disculpas.
Puso una mano en la espalda del muchacho, sintiendo la delgadez de su cuerpo a
través de la tela de la chaqueta, una sensación de fragilidad y calor que le
resultó extrañamente electrizante.
—Vamos —le dijo, su voz ahora
suave, casi un arrullo, pero con un tono de posesión que no ofrecía
alternativa.
Guio al chico, que caminaba
junto a él como en un sueño, más allá de los guardias mudos, más allá de las
miradas curiosas de los otros invitados que empezaban a notar la pequeña
conmoción, y lo adentró en el corazón de la fiesta. La música los envolvió, las
luces bajas creaban islas de intimidad en medio de la multitud. Kevin lo
condujo hacia la barra, pidió dos copas de un champán Krug Clos d’Ambonnay sin
consultar, y le entregó una al chico, cuyos dedos, largos y finos, temblaban
ligeramente al tomar la cristalería tallada.
—Bebe —ordenó Kevin, no con
dureza, sino con la seguridad de quien sabe lo que el otro necesita—. Te
calmará los nervios.
El chico obedeció, tomando un
sorbo. Una gota del líquido burbujeante se le escapó por la comisura de sus
labios, y Kevin siguió su recorrido con la mirada, desde la curva de la boca
hasta la línea de la mandíbula, con una intensidad que hizo que el muchacho se
ruborizara.
—Gracias —logró decir el
chico, su voz era suave, melodiosa, un contraste absoluto con los graves de la
fiesta y con la de Kevin—. Yo… no sé por qué lo hizo.
Kevin sonrió, un gesto lento
que no llegaba a sus ojos de acero.
—Tampoco yo lo sé todavía. ¿Cómo te llamas?
El chico dudó un instante,
como si desconfiara incluso de su propio nombre.
—Leo.
—Leo —repitió Kevin,
saboreando la sencillez de las dos sílabas en su boca—. Bueno, ahora que te he
rescatado de una noche en el calabozo, o algo peor, creo que me debes un
baile…para mantener las apariencias, ¿no crees? “Novios” y todo eso.
No era una pregunta. Era la
continuación natural del guion que Kevin había iniciado. Tomó la mano de Leo,
la misma que minutos antes estaba siendo retorcida por el guardia, y notó su
suavidad, la finura de sus huesos. Lo llevó a la pista de baile, donde unas
pocas parejas se movían al ritmo lento y sensual de un bolero que el cuarteto
había empezado a tocar. Envolvió a Leo con un brazo, colocando su mano ancha y
fuerte en la espalda del chico, mientras con la otra sostenía su mano. El
intruso, al principio estaba rígido, un junco a punto de quebrarse, pero bajo
la guía firme de Kevin, bajo el calor que irradiaba su cuerpo y la hipnótica
seguridad de su abrazo, comenzó a relajarse. Se movían juntos, la fuerza
contenida de Kevin contrastando con la grácil ligereza de Leo. El aroma del
champán en el aliento de Leo se mezclaba con su olor personal, limpio y joven,
como hierba recién cortada después de la lluvia, un aroma que se colaba entre
los costosos perfumes de la habitación y le llegaba a Kevin directamente a las
entrañas.
—Esa mentira… —murmuró Leo,
con la mejilla casi pegada al hombro de Kevin—. Fue increíble.
—¿Quién dice que era una
mentira? —respondió Kevin, bajando la cabeza para que sus labios rozaran la
oreja del chico, sintiendo cómo un estremecimiento recorría el cuerpo esbelto
que sostenía entre sus brazos—. Por esta noche, tal vez no lo sea."
CONEXIÓN CON EL BL (BOYS' LOVE)
"Devórame" explora con maestría las dinámicas del género BL, ofreciendo:
Contrastes Marcados: El choque entre el mundo del poder y la violencia clandestina frente a la sensibilidad del arte y la sencillez
. Tensión y Romance: Una relación que evoluciona desde una farsa protectora hacia un deseo desenfrenado y una conexión emocional auténtica
. Superación del Pasado: Ambos personajes enfrentan sus propias heridas y miedos para aprender a habitar el mundo del otro
.
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