Buscas una historia de amor prohibido, rivalidades políticas y secretos que queman? Prepárate para sumergirte en la última obra de Laura Edith Corral
Argumento: Un amor nacido entre líneas enemigas
En un mundo donde las apariencias lo son todo, Santiago Medrano y Gonzalo Zavaleta están condenados a odiarse
Santiago es el hijo ejemplar del senador conservador Emilio Medrano, criado entre "militarismos y sotanas"
—¿Cuándo voy a poder vivir mi
vida sin tener que pensar en la puta imagen del partido? —explotó Gonzalo, algo
que jamás hacía delante de su padre.
Silencio. Teresa se llevó la
mano al pecho, alarmada. Julio, en
cambio, soltó una carcajada seca.
—¿Te parece que esto es
gracioso? —quiso saber su hijo, indignado.
—No, hijo. Me parece que estás
creciendo, por fin. — Julio se acercó y le puso una mano en el hombro—. Pero
déjame decirte algo: la imagen del partido es la de esta familia. Y nosotros
jamás nos rendimos. ¿Entendido? Mañana tienes que salir en esa foto con
Santiago Medrano. Y quiero que sonrías como si fuera tu mejor amigo. ¿Queda
claro?
—Esta bien —mintió Gonzalo.
— Ahora discúlpame, tengo que
preparar un discurso.
Julio se retiró con la misma elegancia con la
que entraba a los debates en el Congreso, dejando a su hijo sumido en una
frustración que le hervía por dentro.
Gonzalo salió al jardín
trasero. La noche estaba despejada y las estrellas titilaban sobre su cabeza
como pequeños testigos de su derrota existencial. Caminó hasta el límite de la
propiedad, justo donde comenzaba el césped de los Medrano, y allí se detuvo.
Alzó la vista y vio la silueta de Santiago detrás de la ventana de su sala.
—¿También estás harto, vecino?
—musitó para sí mismo.
Sintió un cosquilleo extraño
en el estómago, como si su cuerpo reaccionara de una forma que su mente aún no
estaba lista para procesar. Porque, en el fondo de su ser, Gonzalo Zavaleta
sabía que no odiaba a Santiago Medrano. Al menos, no por las razones que su
padre creía.
A la mañana siguiente, el
jardín que separaba ambas mansiones se convirtió en un set de filmación
improvisado.
Fotógrafos, periodistas y
asistentes de ambos partidos pululaban alrededor de una mesa blanca sobre la
que descansaban dos vasos de jugo de naranja (recién exprimido, ordenó el
protocolo) y una bandeja de masas que nadie iba a comer.
Santiago llegó primero,
impecable con su traje azul marino y su corbata gris plata. El cabello
perfectamente peinado hacia atrás, la sonrisa medida, el saludo cordial pero
distante. Congratuló a los periodistas con un apretón de manos quirúrgico.
—Señores, gracias por venir.
Espero que esta sea una nota constructiva, alejada de la división que tanto
daño le hace al país. —Su voz era pausada, entrenada.
—¿Habrá un mensaje conjunto
con Gonzalo Zavaleta? —preguntó una cronista desde la primera fila.
Santiago dudó un segundo. Su
padre le había ordenado no prometer nada.
—Veremos. Gonzalo y yo...
tenemos una relación respetuosa. —Fue todo lo que dijo.
En ese momento, la puerta de
la mansión de los Zavaleta se abrió y apareció Gonzalo. A diferencia de
Santiago, él vestía un saco cruzado, sin corbata, el cabello castaño algo
rebelde y una barba de dos días que le daba un aire despreocupado que sus asesores
de imagen odiaban pero que al público le encantaba.
Caminó hacia la mesa con paso
firme y, al llegar, extendió la mano.
—Santiago, ¿cómo estás,
hermano? —dijo con una sonrisa tan amplia que dolía.
—Muy bien, Gonzalo. Me alegra
verte —respondió Santiago, estrechándole la mano con firmeza.
Ambos sostuvieron la mirada un
segundo de más. En ese breve instante, ninguno de los dos fingió. Los ojos de
Santiago dijeron "lo siento", y los de Gonzalo respondieron "yo
también".
Los flashes estallaron. Las
cámaras grabaron el apretón de manos. Los periodistas murmuraban sobre "la
nueva generación de la política, unida por el diálogo".
Qué ironía.
Se sentaron uno frente al
otro, separados por apenas un metro de mantel blanco. Las preguntas llovieron:
¿qué opinaban de la última ley de educación?, ¿cómo veían el futuro económico
del país?, ¿existía la posibilidad de un acuerdo entre sus padres?
Santiago respondía con la
seriedad de un fiscal. Gonzalo, con la soltura de un líder popular.
—No todo es antagonismo —dijo
Gonzalo en un momento dado, mirando directamente a Santiago—. A veces, dos
personas de familias opuestas pueden encontrar puntos en común. ¿No crees,
Santi?
Ese "Santi" cayó
como una cachetada. Nadie lo llamaba así. Solo su madre, cuando era niño. Y
Gonzalo lo sabía.
—Siempre he creído en el
diálogo —respondió Santiago, desviando la mirada—. Pero también en los
principios. Y hay cosas que no se negocian.
—Como el odio heredado, por
ejemplo —soltó Gonzalo con una sonrisa pícara.
Los periodistas enmudecieron.
Alguien tosió. Un asistente de prensa de los Medrano hizo una seña desesperada.
Santiago apretó la mandíbula.
Luego, forzó una carcajada.
—Gonzalo siempre tan directo.
Por eso le tengo... respeto.
—¿Solo respeto? —insistió el
otro, inclinándose ligeramente hacia adelante.
—Sea lo que sea —dijo
Santiago, levantando su vaso de jugo—. Por los buenos modales.
—Por fingir que nos soportamos
—remató Gonzalo, chocando su vaso contra el de Santiago con un tintineo que
sonó a sentencia.
Los fotógrafos captaron la
imagen. Otro titular más: "Rivales brindan por la unidad". Qué farsa.
Cuando la entrevista terminó y
los periodistas se retiraron, ambos jóvenes se quedaron solos frente a la mesa
vacía. Los asistentes recogían el equipo a unos metros.
—Fuiste creíble —dijo Gonzalo,
sin mirarlo.
—Tú también —respondió
Santiago, con la misma frialdad.
—¿Cuánto tiempo más vamos a
seguir con esta mierda?
—Toda la vida, supongo."
Los Protagonistas: Dos almas, un mismo secreto
Santiago Medrano: Un joven de mirada acero y porte impecable que vive asfixiado por las expectativas de su padre
. Detrás de su fachada de futuro abogado y prometido perfecto, se esconde un hombre que solo anhela la libertad de ser él mismo . Gonzalo Zavaleta: Despreocupado, rebelde y carismático
. Aunque ante las cámaras es el némesis de Santiago, en la intimidad es el único que conoce la verdadera esencia del "hijo perfecto" .
¿Por qué leerlo? (Recomendaciones)
Trope "Enemies to Lovers": Una ejecución magistral de la tensión entre rivales que, en el fondo, no pueden dejar de buscarse
. Crítica Social: El libro explora con crudeza la presión familiar, el peso del apellido y la hipocresía de las altas esferas políticas
. Emoción a Flor de Piel: La pluma de Laura Edith Corral logra que sientas cada "latido escondido" y cada "dolor de no poder amarse libremente"
.
Críticas Destacadas
"Una historia que te rompe el corazón para luego reconstruirlo. La tensión entre Santiago y Gonzalo es palpable en cada página."
"Más que un romance, es un viaje hacia la identidad y la valentía de elegir la felicidad propia por encima del deber."
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